Mi confrontación con la docencia
Freddy Baltazar can Turriza
En la generalidad, como lo señala el diagnóstico, los que ejercemos la docencia en el nivel escolar del bachillerato, no hemos sido formados como tal. No somos profesionales de la enseñanza.
Tratamos de repetir aquellas conductas de profesores que por alguna razón nos fueron más aceptables durante el curso del bachillerato o carrera del nivel superior.
El motivo más común de nuestra entrada a la docencia, es sin duda el del empleo, más que el ánimo de enseñar como vocación.
Este es el contexto en el que puedo ubicar mi práctica docente.
Egresado de una escuela de antropología, en la especialidad de Antropología Social, tuve mis primeras experiencias en las aulas de la misma universidad, recién titulado, desde entonces, hace ya tres décadas he estado activo tanto en el nivel de bachillerato como el universitario.
Estos años en la docencia, han resultado un gran estímulo para el aprendizaje y la capacitación continua, en distintas materias de conocimiento social y económico, mediante cursos, talleres o diplomados.
He de resaltar el interés por todo lo relacionado con el conocimiento, el método y las técnicas de investigación social, y la ausencia de la capacitación en el ámbito de la docencia.
Sólo en los últimos cinco años, como programa permanente del centro de estudios en donde soy docente, he tenido que tomar cursos orientados al proceso de enseñanza-aprendizaje, los que me han permitido ejercer la docencia con mejores resultados.
Hay en el ambiente educativo un mayor interés de profesionalizar la actividad docente en el nivel medio superior.
Sin embargo, el proceso de enseñanza y aprendizaje, que prevalece en los centros de bachillerato responde a las muy tradicionales maneras del docente que prepara su clase y el estudiante que escucha y toma nota. El profesor desarrolla su programa frente a una gran cantidad de alumnos (grupos de 50 jóvenes), con resultados, por lo general, poco satisfactorios. La sobrepoblación de estudiantes en las aulas es una de las principales causas de fracaso en los procesos de modernización educativa.
Freddy Baltazar can Turriza
En la generalidad, como lo señala el diagnóstico, los que ejercemos la docencia en el nivel escolar del bachillerato, no hemos sido formados como tal. No somos profesionales de la enseñanza.
Tratamos de repetir aquellas conductas de profesores que por alguna razón nos fueron más aceptables durante el curso del bachillerato o carrera del nivel superior.
El motivo más común de nuestra entrada a la docencia, es sin duda el del empleo, más que el ánimo de enseñar como vocación.
Este es el contexto en el que puedo ubicar mi práctica docente.
Egresado de una escuela de antropología, en la especialidad de Antropología Social, tuve mis primeras experiencias en las aulas de la misma universidad, recién titulado, desde entonces, hace ya tres décadas he estado activo tanto en el nivel de bachillerato como el universitario.
Estos años en la docencia, han resultado un gran estímulo para el aprendizaje y la capacitación continua, en distintas materias de conocimiento social y económico, mediante cursos, talleres o diplomados.
He de resaltar el interés por todo lo relacionado con el conocimiento, el método y las técnicas de investigación social, y la ausencia de la capacitación en el ámbito de la docencia.
Sólo en los últimos cinco años, como programa permanente del centro de estudios en donde soy docente, he tenido que tomar cursos orientados al proceso de enseñanza-aprendizaje, los que me han permitido ejercer la docencia con mejores resultados.
Hay en el ambiente educativo un mayor interés de profesionalizar la actividad docente en el nivel medio superior.
Sin embargo, el proceso de enseñanza y aprendizaje, que prevalece en los centros de bachillerato responde a las muy tradicionales maneras del docente que prepara su clase y el estudiante que escucha y toma nota. El profesor desarrolla su programa frente a una gran cantidad de alumnos (grupos de 50 jóvenes), con resultados, por lo general, poco satisfactorios. La sobrepoblación de estudiantes en las aulas es una de las principales causas de fracaso en los procesos de modernización educativa.
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